Disfrutar la quietud de las tardes
Disfrutar la quietud de las tardes
de la avanzada primavera
que aún reina esplendorosa y bella
coronada de rosas y azucenas,
gozar la arboleda que vislumbro
desde mi tranquila terraza
ese verdor imponente de pinos
y otras especies que mis ojos traspasa,
el permanente revolotear de pájaros
con sus trinos tenaces e impertinentes
dueños de los silencios vespertinos
ámbito propicio de nuestra benéfica siesta,
en mi terraza intimada por una celosía
gozo de todas esas pequeñas cosas
a ratitos leyendo poesía
bien Rimbaud, Kavafis, bien González
como sorbitos de café cubano,
ensimismarme en los geranios, en los claveles,
quedarme extasiado en las escasas mariposas
que se adentran para posarse en las plantas
resplandecientes y cuidadas por las manos
de mi dulce esposa que dormita
en el sofá de nuestro salón
invadido por el aroma de la tarde,
a ratitos acercarme y besarla despacito
como una caricia, como un rumor
absorber su tenue respiración
como sorbitos de café cubano.
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